No es nada personal. Estás en el trabajo ocho horas de lunes a sábado por un sueldo que siempre es mejorable. Convives con desconocidos que no has escogido y a los que ves más que a tu propia familia. Intentas ser cercano y accesible, humilde, tolerante y justo... pero hay un ser que a echo que en mi cabeza ronden pensamientos negativos hacia él. Un ser que ha tenido la virtud durante 6 meses de sacarme de quicio. Ese ser se llama G, y es uno de los especímenes más raros que he visto en mi vida y una de las pocas personas que ha echo que no pueda ir a trabajar sin tomarme un par de valerianas.

Es dificil de clasificar. Tiene 30 años pero parece sacado de la serie Cuéntame. Viste como un señor de 50 años unos días y como un protagonista de la serie El Internado otros. En ocasiones hasta me ha dado la impresión de que su higiene dejaba algo que desear (aunque puede ser que lo tenga entre ceja y ceja), y su peinado es digno de un cuadro de Picasso, tanto por el volumen tan extraño que adopta su pelo como por las formas tan caprichosas que tiene esa pelambrera de manifestarse.

Pero sería injusto que lo criticara sólo por su imágen personal. Nadie es perfecto. Yo el que menos. Lo crítico por su forma de ser.

En ocasiones ha sido el típico chistoso que ha parecido haberla tomado conmigo. Sus chistes nunca me han echo gracia y en lo de tomarla conmigo hay veces que he pensado que era gay puesto que no me dejaba ni a sol ni sombra. Ha sido como mi sombra, todo el día detrás mío dándome una murga insoportable y contándome cosas tan absurdas que han sido tantas que ahora mismo no sabría muy bien por donde empezar para contarlas.

Pero es que encima en muchas ocasiones se las ha dado de listo. Que si él es funcionario, que si tiene dos carreras, que si tiene dos casas en Galicia, que si tiene correo institucional, que si gana una pasta por su trabajo, y mil cosas más...

A veces me he parado a pensar si soy yo el que falla. Es decir, si debo aguantar estoicamente que una persona esté todo el día detrás mía. No sé. Por opiniones de otros compañeros, opinan igual que yo. Que es un tío muy pesado que se las dá de listo.

Mañana termina su trabajo aquí en el pueblo. Ahora en el fondo me da pena porque en ocasiones reconozco que me he protegido con una coraza de bordería quizás exagerada. Soy consciente que en el fondo no es mala persona, que se le ve muy sólo y que la ha tomado conmigo porque quizás soy una persona cercana y accesible. Pero mi paciencia se desbordó en ocasiones.

Últimamente hice un ejercicio de reflexión. Me propuse ser amable con él compartase como se comportase. Comprendí que muchas veces nuestro estado de ánimo influye en nuestra relación con los demás. Comprendí que la gente intenta hacerlo lo mejor que puede y que lo mejor que se puede hacer es aceptar a los demás tal y como son. Y la experiencia me ha dicho que es lo mejor. Ser amable, controlando y dando a entender los límites, intentando dar la mano y que no te tomen el brazo.

En fín, que mañana G se marcha a trabajar a otro sitio.

Desde aquí sólo quería pedir disculpas si en algún momento he sido demasiado borde con él.

Y también pedir disculpas por criticar su aspecto (eso no tiene que hacerse nunca, aunque te llame la atención).

Desde aquí le deseo a G, que le vaya todo bien.

Y espero que la gente que se cruce en su camino llegue a mi misma reflexión. Porque de lo contrario ese chaval va a sufrir lo suyo.