Estress. El 47 % de personas afirmaba en 2006 tener niveles altos de estrés. Yo no sé si incluirme en este dato estadístico, pero lo que sí es cierto es que siempre estoy alerta y como nervioso en el trabajo o ante lo nuevo o lo inesperado. Le doy mil vueltas a la cabeza. De una bola de nieve hago un mundo.

Vivimos en un mundo vertiginoso, consumista, lleno de competidores y con la sexta marcha puesta. Nos han dedicado en el consumismo. En el "culo veo, culo quiero". Vamos deprisa a todas partes. No nos detenemos nunca a pensar o a meditar. No nos importa el prójimo porque pensamos que en cuanto pueda nos va a pisar. Desconocidos que son enemigos. Desconfianza. Ansiedad. Gente triste. Gente triste sin saber porqué. Gente triste que lo tiene todo.

Todo va enfocado al exterior. Nuestra imágen, nuestro trabajo, nuestro coche, nuestra casa, nuestras vacaciones, nuestro mp3, nuestro móvil, nuestro ordenador, nuestra ropa de marca, nuestra moto, nuestra televisión, nuestro cuerpo, .... Nunca miramos al interior. Nunca prestamos atención a nuestro interior. Materialismo. Hipocresía. Consumismo. Nunca meditamos. Nunca valoramos la quietud. No hay momentos de espiritualidad.

Esta forma de vivir. Creemos tener calidad de vida cuando vivimos inmersos en todo lo contrario. En una sociedad que poco a poco nos hace ser más crueles, despóticos, egoistas y menos libres.