Leo en el periódico queIrena Sendler ha muerto a los 97 años. La verdad que no había oído hablar en mi vida de esta mujer (tiene miga que la gente en general, y yo en particular, no conozcamos a Irena pero si sepamos quien es, por poner un ejemplo, Cristiano Ronaldo).

Pese a su paso silencioso por la vida, esta mujer fue una de las personas más valientes de las que he tenido noticia. Nació en Varsovia en 1910 y se tomó al pie de la letra unas palabras de su padre: "Aunque no sepas nadar, si ves a alguien que se ahoga, lánzate a salvarlo".

En 1939, cuando Polonia es ocupada por la Alemania nazi, trabajaba como enfermera y tres años más tarde es reclutada en un gueto para vigilar que no se propagaran las epidemias. Irena comprendió enseguida que esas personas estaban condenadas a la muerte, y llena de valentía, decidió salvar a todos los niños que pudiera. Logró salvar 2500 vidas a base de falsear informes médicos, escondiendo a los niños en sacos de patatas, dando documentaciones falsas. Fue haciendo un archivo con el nombre verdadero y el nombre falso de los niños que iba salvando.

En 1943 alguien la traicionó y fue detenida por la Gestapo e ingresada en la prisión de Pawiak. Allí la torturaron salvajamente, pero nunca dijo donde se encontraban los niños. Fue condenada a muerte, pero el soldado que debía ejecutarla fue sobornado por miembros de la resistencia y la dejó libre.
Al final de la guerra, no sin esfuerzo, logró devolver a los niños a sus familias o a los seres más cercanos que habían sobrevivido a la matanza nazi.

Irena pasó el resto de su vida en silla de ruedas por las secuelas de las torturas que sufrió. Vivió sin hacer mucho ruido, sin presumir de lo que había hecho....

Pero su rostro y su nombre tomó relevancia internacional. Uno de los niños salvados, ya adulto, la reconoció.

Vivió sus últimos años en su ciudad de origen, en un asilo, rodeada de ramos de flores que le enviaban sus protegidos o los descendientes de sus protegidos y a menudo recibía sus visitas.

Fue una mujer valiente, digna y con una mirada feliz. Limpia.

Su rostro era pura bondad.

No fue la única. Oskar Schindler salvó a 1200 judios contratándolos en la fábrica de la que era dueño, en Cracovia. La convivencia diaria con los judios que trabajaban en su fábrica le hizo convertirse a la idea de salvar a tantos judíos como pudiera. Para ello no dudo en negociar con el coronel Goeth la compra de esa mano de obra. Tuvo que variar muchas veces la producción de su fábrica para poder mantenerla y que no la cerraran. Su contable Stern le ayudó a elaborar una lista con nombres de Judios para incorporarlos a la Fábrica. Al final de la guerra ya en la bancarrota, consiguió salvar a 1200 judios polacos, y emigró a Argentina.

Otro ejemplo de bondad.

Ojalá este ejemplo cundiera en todos.