Hay cosas que a uno le dejan patidifuso, amen de con cara de gilipollas.
Resulta que los pobres constructores inmobiliarios a quienes el derrumbe de las hipotecas basura les ha pillado por sorpresa (pobrecillos, tenían que haber sido más listos y ponerse a especular con el petroleo en vez de con la vivienda) van a quedarse sin los yates que este año tenían previsto adquirir.
A mí estas cosas, como digo, me dejan estupefacto. Esos constructores que tanto se han enriquecido a costa de los demás ahora van y se quejan de que no pueden comprarse ese yate que les hacía tanta ilusión. Si comparamos esta situación con la de la familia española que no llega a fín de mes ni para lo más básico, dan ganas de que a estas sanguijuelas del ladrillo les regalen los yates pero para que se los meta alguien por el culo. Y no digo más.
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