Imagina que tienes 20 años. Vives plácidamente con tu familia en un barrio de clase media-alta de la ciudad. Tienes problemas, como todo el mundo, pero se puede decir que tu vida es confortable, segura y con un orden lógico que crees inquebrantable.
Imagina que un buen día tu madre te dice que quiere hablar contigo. La ves más seria que de costumbre. Nunca la has visto así. Te pones nerviosa. Algo malo habrá pasado.
Tu madre no puede vivir con un secreto que guarda desde hace 20 años y que te afecta de pleno. No aguanta dicho secreto en su conciencia y no quiere seguir viviendo con los remordimientos. Necesita decirte la verdad. Ha esperado mucho para que tuvieras la edad en que poder asimilarlo.
Tu mundo se tambalea cuando tu madre te dice que no eres hijo suyo, que ella no es tu madre.
¿Cómo? Cambio de proyector. Agarrense a los asientos que nos vamos a estrellar. Rebovinen por favor. Congelen el tiempo.
Tu madre te cuenta la historia entre lloros. Fuiste despojada de tus padres cuando apenas eras una recien nacida durante la época de la dictadura y la represión. Fuiste abandonada en un canasto con una notita en la puerta de una familia acomodada de un barrio residencial de la ciudad. Nos quedamos contigo, no podíamos hacer otra cosa. Posiblemente tus auténticos padres fueron asesinados poco después. Es lo que hacían los asesinos. Robaban bebés y asesinaban a los padres implicados en ideas políticas contrarias a las de sus ejecutores.
Enmudeces. Flipas. Te retuerces. No te lo crees. Alucinas. Lloras. No sabes como reaccionar.
Todo lo que dabas por sentado se ha ido desmoronando como fichas de dominó.
Tiempo después investigas. Descubres que tu abuelo sigue vivo. Que es un poeta famoso. Que se llama Juan y se apellida Gelman y que vive todavía exiliado en México.
Que tienes otra familia. Que tienes mucha familia en España.
Una familia que no conoces pero que has estado buscando toda la vida. Te confirman que tus padres fueron asesinados durante la Dictadura Argentina y que tú fuiste uno de los famosos bebés robados por los militares.
Decides luchar porque esto no vuelva a ocurrir. Por ayudar a las familias usurpadas a encontrar a sus hijos. A que la verdad resurga de las cenizas.
Cambias tu apellido. Tu nombre no. Seguirás llamandote Macarena. Macarena Gelman.
PD: Se me ha ocurrido este humilde escrito tras haber leido una entrevista a Macarena Gelman en un periódico español. Estas cosas no deberían ocurrir o por lo menos deberíamos luchar porque no volvieran a suceder.
Me he puesto en su papel. He imaginado que mis padres un buen día me dicen que no son mis padres y todo sobre lo que estaba construida mi vida se empezaba a desmoronar.
He imaginado que me pasaba a mí.
Y ha sido horrible.


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